Medio Ambiente

[Portugal] contra el capitalismo! ¡Por la Tierra!

A continuación, comunicado del Grupo Erva Rebelde (GERA) distribuido durante la “Marcha Mundial por el clima” en la ciudad de Oporto, el 9 de septiembre.

Por una comunidad de compartir.

El capitalismo subió otro escalón de la escalera de la locura, se acerca ahora al punto de no retorno, y amenaza no sólo su fin, sino el fin de toda la humanidad.

El pasaje del norte abierto para siempre no es una nueva oportunidad de negocio.

El mundo en llamas, el avance de los desiertos, la tierra reseca y estéril, el hambre y las migraciones forzadas, cada vez más islas a quedar sumergidas, este es el retrato actual de un planeta sobre el que se ve cada vez más palpable la amenaza de catástrofe global para la especie humana y muchas otras especies cuyo hábitat se ve degradado a un ritmo galopante.

La deforestación de los bosques (con la Amazonia en particular) para los negocios de la madera, la cría de ganado o de la soja para alimento de éste o para la producción de combustibles dichos alternativos, la insistencia en mantener un estilo de vida predador y que lleva al agotamiento de todos los recursos, nos fuerza a reflexionar sobre lo que verdaderamente está en juego.

Por mais loas que se cantem ao progresso e desenvolvimento, o que vemos, por todo o lado, não é a preocupação com o bem-estar e a vida livre das pessoas e de todos os animais, não é o cuidado para preservar a natureza em todas as suas manifestações, mas apenas a artimanha grosseira para através de todos os embustes – a publicidade, o amestramento embrutecedor e uniformizante, a insensibilização face ao desastre global –, continuar a encher os bolsos das grandes companhias e apontar esse caminho como modelo único de relacionamento entre as pessoas, sem lugar para a cooperação, a autonomia, a igualdade e uma frugalidade natural e feliz, imposta pelo gosto e a racionalidade.

Por el contrario, el modelo vigente transforma la vida en el planeta en una batalla en que los más fuertes cada vez imponen más la desigualdad y la coacción, sembrando el hambre y la desesperanza, cuando no usando a los pobres como fuerzas de choque que se lanzan unas contra las otras dejando siempre incólumes a los señores del dinero y del poder.

Todas las medidas son bienvenidas para preservar la vida en la Tierra y para oponerse al calentamiento global, pero la solución no está en un nuevo ambientalismo capitalista, que reproduzca de forma más blanda todas las taras de la sociedad actual, sino más bien en todas las medidas tomadas por las poblaciones espoliadas para oponerse a los poderes que determinan el rumbo de la Tierra, construyendo en vez de las dominantes sociedades suicidas actuales, comunidades horizontales de compartir, natural y visceralmente amigas del ambiente. Sólo así no correrán veloces y sin retorno los días que nos faltan hasta la muerte global del mundo como lo conocemos.

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